Los materiales necesarios para la vida en los ecosistemas se transfieren en ciclos cerrados, que permiten a los organismos vivientes utilizarlos una y otra vez, ya que se reciclan constantemente.
Para comprender mejor cómo operan estos ciclos, se debe saber que en la fotosíntesis las plantas verdes toman del ambiente abiótico (no vivo) sustancias inorgánicas, de bajo nivel energético, y las transforman en compuestos orgánicos, que sirven como fuente principal de energía y de materiales para construir el cuerpo de cualquier ser viviente.
En la trama alimentaria de un ecosistema , la materia orgánica generada por los productores (organismos fotosintetizadores) se transfiere, sucesivamente, a través de los diferentes niveles tróficos ocupados por los consumidores.
Cuando tales organismos mueren (o
eliminan sus desechos), las sustancias orgánicas presentes en los restos
cadavéricos (o en los desechos) son desintegradas por los descomponedores,
hasta reducirlas a moléculas inorgánicas simples, que pueden ser tomadas por
otros organismos capaces de incorporarlas a su propio organismo.
En síntesis, dentro de un
ecosistema y también entre ecosistemas, la materia prima con que se construye
el ser vivo circula: desde los componentes inanimados (ambiente abiótico) a los
organismos vivos, luego regresa a lo inerte, de ahí a los seres vivientes y
así, sucesivamente.
Este tipo de circulación se
conoce como ciclo de la materia o biogeoquímico .
Si la materia no repitiera sus
ciclos, ninguna forma viviente sobreviviría en la actualidad, porque los
cadáveres y desechos orgánicos acumularían indefinidamente la materia prima que
permite estructurar al organismo biológico.
La Tierra no recibe del espacio exterior, ni pierde
hacia él, cantidades significativas de materia. En consecuencia, los seres
vivos tienen que satisfacer sus necesidades de sustancias orgánicas e
inorgánicas utilizando, exclusivamente, la materia confinada dentro de sus
propios límites.
De las sustancias inorgánicas que
se mueven cíclicamente en los ecosistemas, algunas son requeridas en grandes
cantidades por los organismos vivientes, razón por la cual se denominan
macronutrientes ; los ejemplos más importantes incluyen al agua, carbono,
nitrógeno y fósforo. Otras materias
inorgánicas también son necesarias para los seres vivos, pero sólo en
cantidades muy pequeñas; se trata de micronutrientes como, por ejemplo, fierro,
cobre, cloro, zinc y yodo.
Ana Gricel
Yokasti
Rosa Angélica
Ana Gricel
Yokasti
Rosa Angélica
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